Sunday, August 22, 2010

El Arte de Curingar (Español)

Curinga (comodín en español) es la carta multifuncional de la baraja.
En cada juego tiene una función específica.

Augusto Boal bautizó a los y las facilitadoras de Teatro del Oprimido (TO) como “Curingas”: artistas con función pedagógica; practicantes, estudiosos e investigadores de su Método. Podría definirse al Curinga como un/a especialista en constante proceso de aprendizaje. Alguien que debe conocer el conjunto de técnicas que componen el Árbol del Teatro del Oprimido, que es la representación de la estructura pedagógica del Método, compuesta por ramificaciones coherentes e interdependientes, fruto de descubrimientos hechos a partir de la necesidad de responder efectivamente a las demandas de la realidad.


Ejercer la función de Curinga exige conocimiento riguroso de los fundamentos prácticos y teóricos: éticos, políticos, pedagógicos, estéticos y filosóficos del TO y, al mismo tiempo, sensibilidad de las demandas de la realidad y capacidad de reinventar lo conocido, para atender a las necesidades concretas de cada grupo.

Un o una Curinga debe ser capaz de entrar en escena y actuar, de dar talleres y cursos teóricos y prácticos; de organizar y coordinar grupos populares; de orientar la producción de espectáculos de Teatro Foro (de la creación de la imagen al texto colectivo); de mediar diálogos teatrales en sesiones de Foro y de Teatro Legislativo, de estimular la efectividad de acciones sociales concretas y continuadas y, claro, de sistematizar su experiencia para que sirva a otros practicantes y contribuya para el desarrollo del Método.

El Teatro del Oprimido es un Método lúdico y pedagógico, un instrumento eficaz de comunicación y de búsqueda de alternativas concretas para problemas reales, a través de medios estéticos. Crea condiciones para que el oprimido se apropie de los medios de producción teatral y así amplíe sus posibilidades de expresión. Al eliminar las barreras entre espectadores y actores, establece un diálogo activo, democrático y propositivo.

El Curinga es quien facilita este Diálogo, estableciendo una comunicación horizontal, que sea al mismo tiempo investigativa y propositiva. Facilitar aquí no significa ofrecer respuestas o presentar caminos, y sí ayudar en el análisis de las alternativas, con preguntas y comparaciones instigadoras, que motiven la expresión y garanticen el espacio para la diversidad de opiniones.
En el Teatro del Oprimido, la función del Curinga es diversa y compleja: de la identificación a la representación estética del conflicto, hasta la discusión y conducción de las estrategias que posibiliten la transformación de la realidad mostrada.

Quien ocupa la función de Curinga debe auxiliar a las personas a descubrir sus potencialidades, a conocerse mejor, a expresar sus ideas y emociones, a analizar sus problemas y a buscar alternativas propias. El Curinga no es quien posee respuestas, es quien formula preguntas que generan respuestas y que provocan nuevas preguntas. No se trata de perseguir la respuesta perfecta, y sí de estimular las respuestas posibles que supongan la realidad deseada, para tornarla palpable.

Para ocupar la función del Curinga es necesario buscar incesantemente la especialización en la diversidad, a través de una formación y una postura multidisciplinar, porque el Árbol del TO se alimenta de los conocimientos humanos para promover acciones concretas. Procurar saber de teatro, cultura, educación, psicología, política, ecología, economía y de todo lo que sea posible. Asociar saber y sensibilidad de forma equilibrada, es una actitud esencial.

El TO es ampliamente practicado en el mundo entero, en lenguas, culturas y geografías diversas, y está al servicio de la universalización del saber y del bien común, basándose en el respeto a las especificidades de las identidades locales, y en radical oposición a la uniformidad que masifica.

A pesar de que se espera que sus practicantes sigan los mismos fundamentos teóricos y prácticos: éticos, pedagógicos, estéticos, filosóficos y políticos, sistematizados por Augusto Boal, el TO de la India debe ser indio, el de Mozambique, mozambicano, el de Palestina, palestino, el de Canadá, canadiense, y el de Brasil, brasileño. En fin, que en cada lugar esté conectado con las especificidades locales.

La atención rigurosa a los fundamentos del Método, garantiza una identidad global que permite que el practicante de India se reconozca en un Foro hecho en Mozambique. En el principio de que la técnica debe estar al servicio de las personas, considerando sus necesidades concretas y especificaciones locales, exige y promueve la diversidad. El Teatro del Oprimido debe ser el mismo en todos los lugares, siendo, al mismo tiempo, específico en cada uno de ellos.

Los Grupos de Teatro del Oprimido – GTO ́s – trabajan con temas variados, desde violencia doméstica, urbana y sexual hasta reforma agraria; de prevención de SIDA a discriminación racial, social y de género; de diversidad sexual a derechos de los trabajadores, entre otros. Temas de muchas vidas, de muchos lugares.

Entonces ¿cómo capacitar a alguien para asumir la función del Curinga? ¿Cómo garantizar una preparación que dé cuenta de tamaña complejidad?

Una formación que, necesariamente, debe ser ininterrumpida y de largo plazo, por no restringirse al estudio teórico, depende de la experimentación práctica y se edifica en la madurez humana. El Teatro del Oprimido sólo puede ser apropiado por quien comparte generosamente su saber y su experiencia. Es un Método que sólo se aprende enseñando y que sólo se enseña estando abierto a aprender. Este proceso de formación sólo se puede dar a lo largo del tiempo.

Parafraseando Antonio Machado[1], El Curinga es el/a caminante que hace el camino al andar. Ese andar comienza, necesariamente, con la multiplicación. El camino es infinito. Las llegadas diversas, el ir superando las realidades opresivas.

Al mismo tiempo se necesita tener una base sólida, fundamentada en la Ética y en la Solidaridad, el TO no es un Método estático o concluido: se amplía con cada descubrimiento y se profundiza con cada sistematización. Esa dinámica es el principal reto de formación de quien quiere ejercer la función de Curinga.

Un Método en constante movimiento y desarrollo, por principio, no puede tener especialistas formados. Sus practicantes deben ser personas en movimiento, en estado de aprendizaje, conscientes de que el conocimiento es un proceso de vida y no una acumulación burocrática. Durante toda la vida, Augusto Boal estuvo en movimiento, encarando cada descubrimiento como referencia para otro comienzo.

En el Teatro del Oprimido, la actuación práctica alimenta la producción teórica que debe ser, al mismo tiempo, su fundamento y su punto de partida.

Augusto Boal inició la sistematización del Método de TO en la década del 1970, en Brasil (Teatro Periodístico) y siguió descubriendo técnicas en su período de exilio, en Argentina (Teatro Invisible), en Chile (Teatro Imagen), en Perú (Teatro- Foro), en Francia (Arcoíris del Deseo) y por donde quiera que estuvo hasta regresar a Brasil en 1986. En Río de Janeiro, donde fundó el Centro de Teatro del Oprimido, www.cto.org.br, con un equipo de Curingas, no paró (Teatro Legislativo), y siguió hasta el final de su vida con la investigación de Estética del Oprimido y la constante ampliación del arsenal de ejercicios y juegos.

A lo largo de los 23 años en que fue director artístico del Centro de Teatro del Oprimido - CTO[2], Boal cuidó personalmente de la formación y la actualización de los Curingas de su equipo, a través de Seminarios Teóricos, Laboratorios Prácticos y el Centro de Estudios Generales. Actividades para análisis y producción de textos teóricos; evaluación del desarrollo de los proyectos; revisión, experimentación y sistematización de ejercicios, juegos y técnicas del Árbol de Teatro del Oprimido y de su dramaturgia; y el estudio de temas políticos y sociales. Curingas formados entre la aplicación práctica en proyectos socio-culturales y la reflexión analítica en laboratorios y seminarios. Capacitación forjada en un proceso continuo de experimentación y producción teórica.

En el Centro de Teatro del Oprimido, los y las Curingas construyeron un camino de formación a partir de grupos de TO donde iniciaron sus procesos de multiplicación.

Claudete Felix, profesora de portugués y literatura, trabajaba con un grupo de animadores culturales, bajo la supervisión de Boal. Helen Sarapeck, bióloga, y Olivar Bendelak, ingeniero químico, integraban el grupo Arajuba na Moita (guacamaya en la maleza). Geo Britto, sociólogo, colaboraba con un grupo del sindicato de los trabajadores bancarios. Flávio Sanctum, pedagogo, fue integrante de los grupos GHOTA y Artemanha. Claudia Simone, psicopedagoga, inició su experiencia organizando el grupo Pirei na Cenna (locos en escena). Y yo, Bárbara Santos, socióloga, en el grupo Virando a Mesa, formado por profesoras.

Entre los Curingas asociados: Cláudio Rocha, arte-educador, que comenzó su experiencia en el grupo Pressão no Juízo (prisión en juicio), en Recife, Yara Toscano, psicóloga y Kelly di Bertoli, actriz profesional, a través de proyectos de CTO en São Paulo.

Más recientemente, se han integrado al equipo, Monique Rodrigues, del grupo Panela de Opressão (las ollas de opresión), y Alessandro Conceição, del grupo Pirei na Cenna.

La multiplicación se puede iniciar de forma puntual, dentro del propio grupo y ampliarse gradualmente a través de talleres y cursos; organización y coordinación de grupos comunitarios; producción de espectáculos; mediación de diálogos teatrales; estímulo a acciones sociales concretas y continuadas, y producción de sistematización de las experiencias prácticas.
En la actual estructura del CTO, existen Practicantes del Método actuando como Curingas, como Curingas-Asistentes o como Curingas-Comunitarios.

Curinga-Asistente es un practicante que asume responsabilidades específicas en las actividades prácticas, a pesar de no tener todavía autonomía para conducir un proceso de trabajo como un todo. Esa experiencia funciona como un estadío supervisado, siendo una estrategia de formación.

Curinga-Comunitario es un integrante del grupo de TO que se destaca como coordinador interno, que domina el tema específico del espectáculo y tiene la capacidad de poner ejercicios y juegos, de orientar ensayos y de facilitar diálogos teatrales, ejercitando el Acto de Curingar en el ámbito particular de su colectivo. Ese trabajo comunitario, al principio restringido a las especificidades del grupo, puede estimular la ampliación de esta actuación para otras áreas temáticas. Una estrategia de formación que garantiza autonomía a los grupos comunitarios.

Curingar[3] significa mediar el diálogo entre actores y espectadores en las sesiones de Teatro-Foro y de abrir el debate en las sesiones de Teatro Legislativo, promover el diálogo en cualquier actividad de Teatro del Oprimido. Curingar significa estimular al espectador a salir de su condición de consumidor de un producto cultural y asumir el lugar del productor de cultura y de conocimiento, el lugar de ciudadano: agente de transformación de la realidad. El acto de Curingar, en sí, no transforma a un Practicante de Teatro del Oprimido en Curinga, pero es un ejercicio esencial para su formación.

La intensa difusión del Teatro del Oprimido en Brasil provocó la necesidad de crear programas para la formación de sus Practicantes, a fin de garantizar el acceso a los fundamentos del Método y al ejercicio adecuado de su práctica. Esos programas fueron pedagógicamente estructurados a lo largo de los últimos 12 años, por el equipo de CTO, no para formar Curingas, sino para ofrecer una base sólida a todos y todas los que quisieran iniciarse como Practicantes del Método.

Para ejercer la función del Curinga, las actividades de multiplicación son esenciales, por eso el desarrollo de estas habilidades tiene que ser el núcleo de los programas de formación del CTO, que benefician a activistas de grupos culturales, movimientos sociales e instituciones socioculturales, que utilizan el TO en su acción comunitaria, para dinamizarla, diversificarla y ampliarla.

Los actuales programas de formación continua de Practicantes del Método coordinados por el CTO se destacan, más allá de sus dimensiones territoriales – Brasil, Mozambique, Guinea-Bissau, con desdoblamientos en Angola y repercusión en Senegal – por la innovación y consistencia de su estructura pedagógica.

Los cerca de 700 Practicantes de Teatro del Oprimido que fueron o están siendo formados/as por el CTO entre 2006 y 2010[4], ciertamente, muchos despuntaron como participantes de una nueva generación de Curingas, influenciada por culturas, identidades, experiencias, saberes y personalidades diversas. Una generación que seguirá el sueño de Boal de que todo el mundo pueda ejercer el derecho humano fundamental de hacer teatro y de expresarse a través de medios estéticos.

La experiencia acumulada en este proceso histórico apunta hacia la necesidad de avanzar en la sistematización de programas para la formación de Curingas. Programas que se benefician de las conquistas alcanzadas, que busquen la superación de las insuficiencias identificadas y avancen en las estrategias de acompañamiento de los proyectos desarrollados de la gente en formación y de estímulo a la acción en red, la producción teórica y la comunicación internacional.

El Teatro del Oprimido todavía no completa cuatro décadas de existencia, aún así, está presente en los cinco continentes, es utilizado por centenares de practicantes, que benefician a millares de personas. Las prácticas son diversas, en dimensiones, áreas de actuación, estilos, metas y resultados.

La impresionante difusión del Método genera la necesidad del fortalecimiento de los fundamentos y principios básicos del Árbol del Teatro del Oprimido, y la sistematización de su estructura pedagógica, con el fin de garantizar su autenticidad, donde quiera que se aplique.
Siendo Curinga o si se está en el proceso de serlo, los practicantes de TO se deben comprometer con la esencia humanista, pedagógica y democrática del Método. La ética y la solidaridad como fundamentos y guías. La multiplicación y la organización como estrategias. La promoción de acciones sociales continuadas y concretas, teniendo como meta la transformación de realidades opresivas.

Traduccíon: Lala Fernández

[1] Poeta español.
[2] Av. Mem de Sá, 31 – Lapa – RJ / RJ - Brasil CEP: 20.230-150 www.cto.com.br 55 21 2232-5826
[3] En español no existe un término para este neologismo, curingar sería algo así como “el acto de ser comodín”, pero “comodinear” no tiene el mismo efecto y sentido que tiene la palabra en portugués, por eso la utilizaremos así: curinga y curingar.
[4]Los proyectos desarrollados en este periodo contaron con el apoyo del gobierno federal, a través del Ministerio de Educación, del Ministerio de Salud y del Ministerio de Cultura, este último es actualmente el apoyo más importante para la institución.

1 comment:

  1. No sabía de dónde venía el término, gracias por la información.

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